Vuelve “Te quiero mucho, poquito, nada”, de Félix Ángel

Por Samuel Whelpley

“Te quiero mucho, poquito, nada” Editorial EAFIT, Agosto 2024

El antioqueño Félix Ángel (Medellín 1949-) viajó a Estados Unidos en 1977, e inició una carrera de artista plástico y curador, que lo llevaría a coordinar el centro cultural del Banco Interamericano de Desarrollo en Washington. Artista múltiple, ha realizado multitud de exposiciones, que muestran su trabajo como grabador, arquitecto, pintor, fotógrafo, narrador y poeta, e incluso publicista (En alguna época trabajo para la agencia Leo Burnett como creativo)

Pero antes, en 1975, publicó en una editorial independiente de Medellín la novela Te quiero mucho, poquito, nada, una de las primeras obras en abordar el homoerotismo y la homosexualidad en Colombia. Lo original de la obra versó en el tratamiento narrativo que Ángel le dio al tema: En la historia que se narraba, el autor creo un artefacto literario, que además de la historia escrita mezclaba dibujos, recortes de fotos pornográficas y deportivas de revistas de los años 60, imágenes eróticas surreales, collages y avisos tomados de la prensa.

Fue un libro mal recibido. Como el mismo autor recuerda “Sin el respaldo de una casa editorial debí optar por distribuir el libro entre las librerías mas conocidas de la ciudad, la Continental, la Nueva y la Aguirre, por nombrar solo tres de ellas. Una semana después, cuando hice mis rondas para saber como iba el libro, todas, excepto Aguirre lo devolvieron con indignación. Algunos fueron verbalmente ofensivos. (….) Había proyectado algunas reacciones, pero no lo que ocurrió en los días siguientes. Los problemas llegaron hasta la puerta de mi estudio. Y así fue como el arroyo se convirtió en río, y el río en una represa dinamitada”  

(Del prefacio a la reedición de Te quiero mucho poquito nada, página 27)

En este objeto literario, mezcla de crónica, autobiografía y libro de artista, Ángel nos presenta una Medellín dominada por una rígida moral religiosa, el culto al trabajo y al dinero, al empuje y al honor, que tiene un marica entre sus filas. No cualquier marica callejero de Guayaquil, tradicional barrio de tolerancia de la ciudad en los bordes de la sociedad. No. En la obra conocemos a Pipe Vallejo, “mediomonstruomedioniñobello” miembro de una prestante familia antioqueña, educado en los mejores colegios, y, por tanto, heredero de un lugar destacado en el orden social, y destinado a convertirse en “un miembro piadoso, decente, y útil de la sociedad”.  Pero como bien recuerda Ángel, con una tara:

el peor castigo que podía caerle a un medellinense respetable era, por encima de todo, que un hijo suyo resultara marica. Cuando no se podía ocultar por más tiempo esta tragedia, el muchacho era enviado al extranjero y si no había modo, era expulsado de la casa, desheredado, se hacía cuenta que no era hijo de nadie porque en la familia jamás habían existido maricas y ese bastardo no empeñaría el honor y la tradición de esos personajes tan respetables”

Si hemos de creer que “el sueño de la razón produce monstruos” (y aquí la connotación de la palabra es de raro y desviado) este libro nos lo recuerda: a la racional, disciplinada y ordenada raza antioqueña, que rinde un excesivo culto a la familia, a los valores del trabajo (Ángel recuerda que sus padres eran en esencia proveedores, y se esperaba que sus 10 hijos lo fueran), a una religiosidad que exalta las virtudes y castiga de muchas formas el pecado, le aparece  un personaje como Pipe Vallejo que además de joven y bello, es escandaloso y provocador, en su relato nos cuenta que existe una Medellín diversa de la que no se habla: desde el prestante empresario que acude a bares de ambientes, dispuestos a pagar por placer: 

Ese es un bar chévere y de ambiente. Además de los maricas finos van los B,P, los V.I.P, los J.G.B Y el tarrito rojo. Con buena figura y cara linda te dan el puesto no más papi“.

O de cosas que no se hablan, como la sexualidad de los jóvenes  y menos aún la homosexualidad:

Lo de Sergio fue en la calle. Yo iba y venía cuando nos miramos. Se paro a la media cuadra y yo también. Entonces se devolvió y me dijo hola. Era un mesero de segunda clase. De milagro no dijo qué se le ofrece, caballero. Me preguntó cuántos años tenía, cuantas veces lo había hecho y desde cuándo y por qué. Le dije que tenía dos años más, un montón de veces desde hace tiempo y por plata.”

O una ciudad donde la respetabilidad social oculta multitud de conductas divergentes y un clima de violencia que va en aumento:

No señora, no crea. Medellín es eso. Todos esos fetos en las canecas y niños regalados, los cadáveres de muchachos bajo los puentes con dos tiros en la cabeza… ¡Así es! Yo misma tuve que buscarle familia a una niña de cuatro meses hija de una señorita muy jifilifuda simplemente porque no estaba casada y los padres no querían tenerla”.

Debido al escándalo generado con la publicación, Ángel encontró irrespirable el clima social de Medellín, por lo que se marchó a Washington, donde aún reside, y se dedicó a sus múltiples facetas: pintor, grabador, curador, crítico de arte, fotógrafo y narrador. Ha continuado publicando libros claramente queer cómo Él y el otro, HomoHistorias (2018) colección de relatos sobre hombres- principalmente latinos, inmigrantes en EEUU- homosexuales. Por el titulo podría pensar que son historias eróticas, llenas de sexo… el cliché de las homohistorias, y no, aunque algo hay en este libro. Las presiones, los limitantes y códigos que se espera de una relación entre dos hombres y hacer posibles las historias propias por fuera de lo que dicta la costumbre, pero sobre todo Tantas vidas, Miguel (2021) que puede leerse como una declaración de principios del autor sobre su arte y un homenaje a Te quiero mucho, poquito, nada.

Volviendo al libro es un relato de un tiempo, de una ciudad y una declaración de rebeldía e independencia en una ciudad profundamente conservadora. Puede verse como una cartografía de los lugares de homosocialización de ese momento: el autor es muy detallado en sus descripciones de los sitios de ligue de la ciudad. Hoy eso se ha difuminado, pero  es posible ubicar este trabajo en un momento donde los temas gais comienzan a cobrar visibilidad en la literatura colombiana: pienso en obras como El cadáver de papá de Jaime Manrique Ardila, publicada en 1976, con la que comparte una característica común: Ángel como Manrique escribieron sus obras después de estancias en EEUU, de la agitación política de los derechos civiles de los 60 y 70 del siglo pasado junto con la relajación de las leyes sobre la pornografía en Norteamérica. También, los trabajos de Alba Lucía Angel.

Quizás esta reedición hecha por Editorial EAFIT permita dar a conocer una obra que describe un tiempo ya ido, pero sobre todo un texto de gran valía por su escritura, construcción y tema. Mucho más que una curiosidad para iniciados, “Te quiero mucho, poquito, nada” merece ser recordada por lo que es: una gran obra.

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