Reseña sobre Quiltras

“El tema de fondo es el amor”, dijo Violeta Parra. En Quiltras también el amor motiva a las protagonistas. Es un horizonte, un rumbo que encuentra tropiezos y descalabros: la violencia estructural, el clasismo, el patriarcado, el racismo, entre otros. En este primer libro de cuentos Arelis Uribe para oreja. La autora chilena presta atención, desde una sensibilidad encarnada, al trepidante ritmo de la lengua y las realidades que esa lengua nombra en los barrios populares de Latinoamérica. Arelis escribe un libro feroz y tierno, capaz de ir a las violencias de género y palpar sus consecuencias; pero, a su vez, capaz de acoger las expresiones de sororidad, cuidado, ternura y apañe entre mujeres en un entorno machista.

Los libros en nuestra sociedad mediática tienen dos dimensiones: lo que la crítica, las entrevistas (las declaraciones de la autora y su biografía) y la comunidad lectora elaboran; y lo que es el libro en sí. Cuando se habla de Quiltras es inevitable no mencionar palabras como: proletaria, interseccionalidad, feminismo, acoso, pobreza, discriminación. Quiltras (2016), tras casi una década de haber sido publicado, se convirtió en un símbolo de la voz de las clases marginadas. Sin embargo, toda la construcción discursiva en torno al libro, se podría decir, no está presente en los cuentos de manera explícita. No es un libro panfletario. Es, sí, un libro enfocado en las situaciones que atraviesan las mujeres y niñas en cada historia.

Encontramos, en Ciudad desconocida, dos primas que se besan y juegan a juntar sus pezones, quienes se ven separadas por una pelea de sus madres. Al interior de su familia se da un clasismo acendrado, con una marca de género, ya que, de las siete hijas e hijos (dos de las cuales son madres de las primas protagonistas del cuento), solo los hombres fueron a la universidad, estudiaron ingeniería y hablan de relojes y fútbol, mientras las cuatro mujeres sobrellevaron vidas subalternas con parejas que las maltrataban. Cuando van a visitar un tío que tiene pavos reales, la narradora afirma: “Nunca entendí por qué vivíamos tan diferente, si éramos de la misma familia” (p. 10).

En Bestias, una chica que llega a su barrio de noche siente el peligro de no poder caminar sin ser acechada en la calle. Se encuentra una quiltra —en Colombia les llamamos chandas o perras criollas— recién parida y con las tetas hinchadas, buscando comida para sus crías. El animal desamparado refleja la vulnerabilidad de la protagonista. El poder de sugerencia del cuento es la metáfora, que podría resumir el conjunto: una perra callejera, sin raza, que transita la noche con hambre, se encuentra a una mujer joven y sola, como si fueran hermanas en la ciudad despiadada, como si la situación de una se pudiera intercambiar con la otra. En Quiltras las protagonistas urgen por comunicar situaciones que cambian sus vidas: sea una primera vez en el amor, en la decepción, en la amistad o en el abuso. Esa urgencia, se me ocurre, es lo que hace de sus palabras una materia viva. Lo que llamo “urgencia”, Gabriela Wiener lo llama “borde”:

“Son el tipo de cosas que sólo se aprenden en los bordes: saber cortar con filo las palabras cuando se ponen inútiles. O lo que hace Arelis con la realidad, dejar que esta la acompañe como una perra en el camino de regreso a casa hasta el paradero 20, como si fueran dos obreras amigas proletarias”.

En Italia dos adolescentes que tienen exploraciones homoafectivas, se desean y se quieren. Se convierten, mutuamente, en su lugar seguro. Conversan y se tiran en el pasto a la orilla de un río a frotar sus cuerpos como tizas que se deshacen. No obstante, las separan las diferencias sociales, pues la narradora es de una familia de escasos recursos y su amiga, la Italia, no. La herida se hace irreparable: “La Italia se distanció de mí y yo de ella, de manera lenta pero sostenida, como dos trozos de tierra en la deriva continental” (p. 35).

En Rockerito83@yahoo.es una adolescente de principios del internet chatea con desconocidos hasta que encuentra a uno que no habla de asuntos sexuales sino de sus emociones. Ella se involucra en una relación a distancia con ese anónimo que le envía audios tocando canciones de rock. En Bienvenida a San Bernardo es una especie de laberinto, que hace sentir a la mujer del cuento sin salida y perseguida por un hombre que detesta, lo que marca el curso de la narración. El kiosco muestra, a través de una recién graduada en su primer trabajo, el deplorable estado de las escuelas rurales en Chile. 29 de febrero es sobre el desencuentro universal que son las relaciones afectivas, esta vez con la complejidad del embarazo no planeado, que le ocurre a la hermana de la narradora siendo ellas unas adolescentes. Quiltras es otro cuento sobre la amistad y la distancia que se interpone.

Los cuentos son variaciones acerca de la imposibilidad del encuentro. Se abren grietas y fisuras en todo acercamiento, en las llegadas y las partidas, en los canales de comunicación que, en realidad, incomunican a las personas. Rockerito83@yahoo.es es un cuento que vivencia cómo el mundo virtual no es otro aparte. Es una presencia real. El enamoramiento de la chica del cuento no es ficticio o menos intenso por venir de una red social. En muchos casos el desencuentro ocurre por chicas que se enamoran de chicos que no les prestan atención, o por chicas que se enamoran de otras chicas, pero pertenecen a clases sociales excluyentes.

El acoso y el abuso es un tema subterráneo pero transversal al libro. La vulnerabilidad y esa violencia estructural, que no parece tener una causa clara, también. La violencia se ve de formas directas como en Ciudad desconocida, donde un instructor de Boy Scouts viola a una niña, o de maneras más ubicuas como en el hecho de que las mujeres ocupen un lugar subalterno en la división del trabajo, de que las adolescentes no puedan caminar sin miedo o que los estudiantes de escuelas rurales no tengan un lugar digno para educarse.

Aquí esa segunda lectura, que sale del libro y lo confronta con el contexto patriarcal y violento, se suma al hecho de que Arelis Uribe (feminista y activista en su vida cotidiana) haya participado en el Observatorio Contra el Acoso Callejero, que promovió la ley contra el acoso sexual en espacios públicos en Chile. Arelis desde varios flancos (el político y el artístico) ha denunciado y activado formas de visibilización contra las violencias de género. Como portavoz desde la ficción, pero también propiciando discusiones y acciones puntuales, Arelis amplía el espectro de posibilidades de reivindicación, denuncia y participación por los derechos de las mujeres.

En el perfil de Instagram de Arelis Uribe se lee: “Obrera de la literatura”. También aparece el enlace para ver la cuenta de su editorial de fanzine: Editorial Negra, donde publicó Cosas que pienso mientras fumo marihuana. En 2021 publicó su novela Las heridas. Enumero así su obra y traigo a colación la editorial, ya que en relación a Quiltras sus búsquedas personales se comunican con los cuentos. Arelis es obrera porque escribe una literatura perra, situada, mestiza, lesbiana, mujer; una literatura desclasada, fanzinera, popular, que hurga las heridas de no hablar inglés ni vivir en un barrio burgués, como canta Supernova. Retazos de un mundo en estado de emergencia.

Cristian Camilo Garzón

Nació en Bogotá en 1997. Es estudiante de Licenciatura en Filosofía de la Universidad Pedagógica Nacional. Hace parte del grupo de rap: Amigos imaginarios. Ha publicado ensayos y crónicas en las revistas: Mentekupa, Puesto de combate, LALT, La raíz invertida, Los hermanos Chang; también ha publicado microrrelatos en antologías de la editorial Quarks y en la revista Plesosaurios de Perú. Actualmente codirige la editorial independiente Totuma Libros.

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