Una reseña de Melancolía, de Núria Fernández Bermejo
Por Javier Zamudio
Daniel Hunter es novelista, vive en Londres, pero decide mudarse unos días a Lowclouds, un pueblo desconocido, en busca de inspiración. Escribe una carta a su hermana Jane para informarle de su propósito y lo comenta con uno de sus amigos, John, que le asegura que este lugar le brindará lo que necesita. De este modo inicia Melancolía de Núria Fernández Bermejo.
Fernández Bermejo nació en Barcelona, es investigadora posdoctoral en el campo de la fisiología vegetal, autora del poemario Las cenizas de Plutón (2023). Melancolía, publicada en 2019, es su primera novela.
Daniel se hospeda en una casa de campo rentada por la señora Smith, una mujer afable con la que establece rápidamente una amistad y quien le cuenta una leyenda que recae sobre una vivienda abandonada. Es un lugar descrito con un matiz lúgubre, donde vivió un pianista francés, el cual murió en circunstancia inusuales después del fallecimiento de su esposa. Ahora, se escucha la música de un piano, una sonata cuyo nombre será el homónimo del libro.
Este segundo elemento de tensión, que se conjuga de manera perfecta con el disparador del primer capítulo —la búsqueda de inspiración narrativa—, será el encargado de llevar al lector hasta la última página, descubriendo, en el desarrollo de la trama, que la novela tiene mucho más que decir.
A nivel estructural, Melancolía se desarrolla de manera coherente con su género; es decir que acompañamos a los personajes a lo largo de una historia de la que no pueden salir ilesos, que los transforma. Está escrita en primera persona, con un narrador testigo personificado en el joven escritor, que quiere desentrañar el misterio que rodea la casa del músico. Usa una prosa minimalista, no se destaca por figuras literarias o por una fuerza poética. Sin embargo, consolida un matiz gótico que atraviesa la historia. Además, consigue el propósito fundamental, construir un mundo vivo y continuo.
Aunque posee todas estas bondades, la novela tiene varios errores frecuentes cuando se trata de la escritura de una primera obra. Se puede señalar los siguientes: hay problemas de estilo, obviedades, repeticiones, entre otros; además, falta un trabajo más prolijo en el desarrollo en la trama. Por ejemplo, cuando Daniel escucha por primera vez al pianista, pareciese que el narrador, la autora, además del personaje, intentase convencerse de que lo que está sucediendo es posible. Esto, en vez de sembrar la duda razonable sobre la posibilidad de ese hecho en la escena, siembra una duda sobre la verosimilitud de la obra. Además, hay otros momentos donde el desarrollo exige más, pero no consigue llegar a su punto culminante.No obstante, Melancolía es una novela que se lee de una sentada, que construye un mundo, de carne y hueso, donde se refleja nuestra humanidad: el dolor, la muerte, el amor, etc. Es, además, evidencia de la capacidad narrativa de Fernández Bermejo, que desde ya es una joven promesa de la literatura española.



