Entre títulos y desencuentros “Baccanos”: breve historia de los títulos en la obra de Ramon Illán Bacca

El escritor samario Ramon Illán Bacca cumpliría años el pasado 21 de enero.

Por Samuel Whelpley

Una de las cosas más celebradas de la obra de Ramón Illán Bacca (1938-2021) es el humor. Algunos limitan la lectura de su obra a una sucesión de chistes más o menos bien enlazados. Críticos como Carlos J. María, quien lo vio como una declaración de intenciones, o para Orlando Mejía Rivera, ese humor es la demostración del talento de un escritor capaz de decir cosas muy serias de una forma leve pero no banal. Para Ariel Castillo, el humor de Ramón era defensa y ataque, consciente de que hacer el ridículo es la mayor de las derrotas que se puede tener y a la vez la más aceptable.

Obviamente, quienes lo conocimos, si lo escuchábamos con atención, sabíamos que su humor era amargura y altivez. Ese fue su recurso, que se manifiesta, por ejemplo, en los nombres de sus personajes, llenos de altivez, y ambigüedad: Bruno Bardot, el luchador; Agamenón Rosado, el abogado vacuo lleno de citas latinas; Memo Clavel, el pianista afeminado; Catón Nonato Noguera, “el magistrado de las uñas pintadas”; Perpetuo Socorro (la mujer Barbuda), Crispín Altamira el defenestrado.  Un nombre en ocasiones cómico para mostrar fracasos o contradicciones vitales. Y en los títulos, que rayan en lo extraño y lo absurdo: Deborah Kruel, Disfrázate como quieras, La mujer del defenestrado, Maracas en la ópera, Cómo llegar a ser japones, Crónicas casi históricas, Marihuana para Goering; por citar algunos. Pero lo que no se ve, es el hecho de que detrás de eso hubo mucha prueba y error, imposiciones de edición, amables sugerencias de obligatoria aceptación, y sin salidas. He aquí (y este es mi testimonio, incompleto e irrecusable) una lista de desencuentros con los títulos de las obras de Ramón.

Comencemos por decir lo obvio: Deborah Kruel y Marihuana para Goering fueron publicadas de una manera algo accidentada. Bien conocida es la historia del embargo al editor de Marihuana, al día siguiente de terminada la impresión, que hizo que esta circulara gracias a que unos amigos se metieron en la noche por el techo y se llevaron un grupo de ejemplares; o como dijo Ramón, que los encontraba en los “Agáchate” del centro de Barranquilla, gracias a algún secretario del juzgado que redondeaba sus cuentas. De Deborah Kruel es conocida la historia, Ramón pasó años tomando cerveza hablando de la novela que iba a escribir, hasta que Roberto Montes Mathieu le dijo que eso no era Deborah, sino La improbable Deborah. Dolido por el comentario, Ramón terminó la novela, y la presentó al concurso de Plaza y Janes, donde quedó de 2da princesa (sus palabras) con recomendación de publicación. Se tardaron 3 años en cumplir la recomendación.

Con sus cuatro ediciones, ampliadas y corregidas, Crónicas casi[U3]  históricas es uno de sus libros más celebrados. El casi- en sus palabras- es un paraguas contra la crítica que veía venir: que su obra era carente de rigor académico. Quizás, por dejar de lado lo académico y resaltar la ironía, su idea original era ponerle una frase genial que se la oyó a la antropóloga Margarita Abello, quien extasiada en la contemplación de un cuadro en el salón cultural de Avianca exclamó:

– No sé, este cuadro me emociona, tiene algo entre lo barroco y lo chévere

Ese era el título original de Crónicas, y de hecho el prólogo de Germán Vargas tiene ese título. Sin embargo, a los editores de la Universidad del Norte el título les pareció carente de rigor académico. Después de un tira y afloje, quedó con el título que conocemos. Ramón, años más tarde, se daría gusto publicando un libro con ese título, donde salen algunos textos de crónicas.

Ejemplar de Crónicas casi históricas.

En cambio, con Maracas en la ópera sucedió que Ramón escribió la novela y al final, cogido de tiempo para enviarla al concurso de la Cámara de comercio de Medellín, la terminó de forma apresurada, y no encontró título. La tituló pues como el personaje principal, Bratislava. Los jurados, como se ve en la contraportada, le sugirieron Maracas en la ópera, un acierto notable. Lo que no se sabe mucho, es que el nombre original del personaje era un homenaje de Ramón a un grupo de escritores eslovacos que tradujeron y publicaron su cuento Si no fuera por la zona caramba, en una revista en la ciudad de Bratislava, en ese entonces Checoslovaquia.

Contraportada de edición de Maracas en la ópera

Luego de eso, Ramón acometió la publicación de los cuentos agrupados en El Espía inglés. La historia es curiosa. El relato que da nombre al libro no era realmente un cuento, sino una crónica que Ramón escribió sobre las andanzas del escritor británico Robert Cunninghame Graham en Colombia. En esa ocasión el crítico alemán Peter Schulze-Kraft, que preparaba una antología de cuentistas colombianos, leyó los cuentos de Ramón, y le dijo: “No me sirve ninguno, pero me gustó mucho una crónica que hiciste sobre un escritor inglés”. Ramón- y eso me consta- se sentó con el antologista y adaptó el relato a cuento. La antología se llama Y soñaron la vida. Cuando le comenté lo raro de la situación, su respuesta fue “Berlín bien vale una misa”

Es conocida la historia de Disfrázate como quieras, que, publicada en el 2002, se titulaba originalmente  Era Martha la reina,  verso de la canción Cumbia sobre el mar de Rafael Mejía Romani. Sin embargo, el editor le dijo: “Eso solo lo entienden los mayores de 50”. Entonces Ramón eligió Disfrázate como quieras, nombre de una comparsa del Carnaval de Barranquilla, de gente vinculada al mundo cultural, con la secreta esperanza de vender su libro entre ellos. Sobra decir que la venta fue tan escasa, que ni de la comparsa le compraron los textos.

Disfrázate como quieras

En cambio, con La mujer del defenestrado ocurrió algo extraño. El libro es un borrador de una obra más extensa de la que se sacó una historia no del todo afortunada (odio decirlo, pero es un punto muy bajo en la obra de Ramón) cuyo título no gustó a los editores. Sin embargo, no lograron encontrar un título con suficiente fuerza para cambiarlo, por lo que al ser parte de una colección terminaron dejándolo así.

La mujer barbuda, su última novela, formaba parte de un proyecto más grande titulado El hundimiento del circo. No gustó a la editorial salvo la historia de un personaje, la mujer barbuda. El título fue puesto por Ramón, pero a él le molestó la nota que colocaron en la portada. “En ese relato no hay nada de eso” fueron sus palabras.

La mujer barbuda

No fueron los únicos desencuentros que tuvo con sus títulos. Algunos cuentos y textos escritos en revistas por él fueron censurados, reformados o cambiados. Lo oí comentar eso varias veces, casi siempre resignado por los cambios y cesiones que negoció. Una vez, en el 2018, sí expresó su molestia por el cambio de título a un texto suyo en el Boletín cultural y bibliográfico del Banco de la República. El texto que él tituló El humor en el Caribe, se lo cambiaron por El humor que se mece en la hamaca del Caribe.

El humor que se mece en la hamaca del Caribe. Boletín Banco de la República

 “Yo no hablé de hamaca y me parece un título prejuiciado”fueron sus duras palabras. Hasta tiene razón, incluso en sus desencuentros. Ramón siempre dijo cosas muy serias en medio de su suave ironía. El humor, como dicen, es algo muy serio, y de personas muy serias.

Nota del autor:

Para este trabajo agradezco la invaluable colaboración de Enrique Venegas Haydar, cuyas recomendaciones y aclaraciones fueron útiles para escribir este texto. Mi gratitud por ello.

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