La Cerbatana

Una relación de muertos y de versos

Entre la sangre de Colombia y la palabra de México

Por Daniel Ángel

Alfonso Reyes sentenció que el ensayo era el centauro de los géneros y años después Juan Villoro dijo de la crónica que era el ornitorrinco. Dos mexicanos dando conceptos zoomórficos de lo que son géneros cultivados con maestría en nuestras tierras americanas. Fácil de comprobar si hacemos un recuento y revisamos no solo la obra de Reyes, sino la del maestro Rodó y la de Vasconcelos, la de Germán Arciniegas y la de Octavio Paz. 

En América Latina siempre hemos estado en busca de nuestra identidad. Nuestras expresiones culturales y folclóricas son una sumatoria ad infinitum de nuestras raíces, pero también de las modas actuales. Y, claro, las literaturas nacionales desde la época de las incipientes repúblicas se han dado a la tarea de encontrar el perfil del hombre y de la mujer americanos, o por lo menos de acercarse a ese arquetipo secular, atiborrado de magia, circundado por las febriles geografías. 

Y justamente encontramos esas búsquedas, como si se tratara de un rizoma, en la obra Colombia y México: entre la sangre y la palabra del escritor e investigador colombiano Juan Camilo Rincón, que presentará su libro en la Feria del libro de Bogotá 2023, versión dedicada a México. Esta investigación, además de que maneja con maestría los géneros epistolares, las entrevistas, los relatos, las crónicas de viajes y las reseñas literarias, establece esa constante pregunta por nuestra identidad, del mismo modo como lo hicieron nuestros escritores modernistas. Por otro lado, a demás de ser un trabajo de archivo tan juicioso, profundo y ordenado, porque no solo busca dar los datos sino entenderlos para intentar dar una imagen de lo que somos los países hermanos, Rincón nos conduce por una serie de historias, añoranzas y anécdotas que van construyendo un universo desde México a Colombia. Y lo hace con maestría, con un lenguaje sencillo, intrépido y rápido, de tal modo que los lectores en algún momento dejamos de pensar que estamos leyendo un ensayo al mejor estilo de Reyes o una crónica, al de Villoro, para pensar y sentir que estamos leyendo un relato de ficción o una de esas mixturas que podemos armar en El animalario del profesor Revillod.

Juan Camilo Rincón, invitado en esta ocasión a la Feria del libro de Bogotá, nació en la misma ciudad en la década de los ochenta, es investigador, escritor y uno de los periodistas culturales más reconocidos y prolíficos del país, me concede esta entrevista para Cerbatana, revista de crítica literaria. 

  1. ¿Cuál fue el detonante para que escribieras tu libro? Es decir, Colombia ha tenido buenas relaciones culturales con todos los países de la región, pero ¿por qué elegir justamente a México para realizar esta portentosa investigación?

Siempre me he sentido muy cercano a México. Creo que eso nos pasa a muchos colombianos pues ese país ha estado presente a través de la cultura popular durante décadas: las rancheras y los mariachis en las serenatas y los cumpleaños, el cine que veían nuestros papás y abuelos, la televisión, luego el rock en español que descubrí en la adolescencia, un poco más adelante la literatura, que de entrada me fascinó con Rulfo… todo eso fue creando un vínculo que se sigue alimentando. Sin embargo, el detonante fue descubrir que Cien años de soledad, una obra que uno siente tan representativa de nuestro ser como colombianos, fue escrita en México. Eso resonó con mis intereses por conocer y profundizar sobre las conexiones entre países y entre autores, que ya había desarrollado en los libros previos que escribí sobre Borges y sobre Cortázar. 

  • ¿Cuál fue tu primera relación con México y con la cultura mexicana?

El primer recuerdo que tengo es el de mis papás escuchando a Agustín Lara, José Alfredo Jiménez, Chavela Vargas y otros tantos. Y, sin duda, la primera conexión fuerte vino en la adolescencia con el rock mexicano: Café Tacuba, Caifanes, El Tri, La Maldita, La Lupita. Ahí hubo un clic que me voló la cabeza. 

  • Colombia y México: entre la sangre y la palabra, es un libro de carácter histórico, ¿crees que es un libro actual para nuestras naciones?, y de ser así ¿cuáles crees que son esos elementos que lo enlazan con nuestro presente?

A veces se cree que algo de carácter histórico tiene una condición de vetusto, de objeto o discurso que debe ir a la estantería para desempolvarlo de vez en cuando. Sin embargo, muchos trabajos literarios, artísticos y periodísticos recientes han corroborado que la historia es hoy más vigente que nunca, y que es fundamental sostener un diálogo permanente con todo lo que nos antecedió. Somos quienes somos porque hay una historia previa que nos edificó y, en ese sentido, extender la mirada hacia atrás es fundamental. Pienso que este libro es actual en la medida en que vuelve a poner sobre la mesa la discusión sobre el país que fuimos y somos: ese que recibió a extranjeros pero que también abrió el camino para que sus nacionales se fueran a construir su obra en otros países. Hoy vemos que la cultura, más que otros ámbitos, fue el caldo de cultivo de una relación de doble vía muy fértil que enriqueció a ambas naciones. Ese camino que labraron Porfirio Barba Jacob, Emilia Ayarza de Herrera, Leo Matiz, Álvaro Mutis, Gabriel García Márquez, Laura Restrepo, y mexicanos como Carlos Pellicer, o Carlos Fuentes y Octavio Paz a través de la revista colombiana Mito, entre otros muchos, fue el que permitió fortalecer los lazos que nos conectan hasta el día y de hoy y, con certeza, seguirán tendiendo puentes entre los dos países. 

  • Teniendo en cuenta que este es un libro que establece relaciones políticas, sociales, culturales y literarias entre México y Colombia, ¿cuál consideras que es ese hilo fundamental que une a las dos naciones?

Nuestro pasado colonial, la vida indígena, el mestizaje. Ambos países vivimos periodos de violencia rural y conflictos sociales complejos durante el siglo XX, principalmente. Las hibridaciones culturales (más fuertes en México tras la llegada de españoles, principalmente, después de la Guerra Civil española), el protagonismo del narcotráfico… Cada uno desde su orilla buscó encontrar y reivindicar su identidad en una Latinoamérica que estaba empezando a serlo en esa condición, y la cultura fue ese punto en el que comprendimos que tentemos tanto en común.

  • Innegablemente este es un libro que tiene un gran trabajo de archivo en el que se exploran las publicaciones literarias en los dos países, la correspondencia entre escritores, los pasos que recorrieron los escritores en las ciudades de México y Colombia, cuéntanos ¿cómo fue el proceso de investigación que llevaste?

Siempre me ha interesado explorar e investigar sobre los vínculos entre países y regiones, también entre artistas y territorios. Yo ya tenía algunas inquietudes que fueron surgieron de la lectura de ensayos, libros de crítica, crónicas, novelas, cuentos, entrevistas, noticias y otros materiales. Esa pregunta por la creación de Cien años de soledad se fue ampliando y empecé a encontrar que, más allá de nuestro gusto por los tacos, el tequila y las rancheras, había algo mucho más profundo que nos conectaba con México. Frente a lo que en algún momento pensé como un artículo o un ensayo, me di cuenta de que podía convertirse en un libro si ahondaba en la indagación. Volví a todas las fuentes que ya había consultado, esta vez desde una mirada más detallada y rigurosa; también recurrí a fuentes nuevas (vivas y secundarias), y así empecé a darle forma a un libro que tiene tres partes: una de crónica, otra a modo de ensayo y una tercera que redondea y complementa el libro, conformada por alrededor de veinte entrevistas. Hay mucho material de archivo valiosísimo que siempre alimenta estos ejercicios: cartas, dedicatorias en libros, videos, entrevistas. Las bibliotecas públicas y las de coleccionistas privados son una mina de oro para este tipo de investigaciones. 

  • Tu libro, además de una historiografía sólida sobre ambos países, es también un cúmulo de entrevistas a escritores y artistas que establecieron relaciones binacionales y que dejaron profundos legados para las nuevas generaciones, para ti ¿cuál fue la entrevista que más te conmovió y la que más te costó?

La que más conmovió, sin duda, fue la de Elena Poniatowska: su evocación de la relación con Mutis y con García Márquez, esos tiempos maravillosos de las tertulias y las fiestas con sus grandes amigos, la construcción de una literatura latinoamericana que se volvió universal y se robó las miradas del mundo entero… siento una nostalgia muy bella en esa conversación. La de Mario Mendoza también me emocionó mucho, pues fue muy inspirador ver su acercamiento a los niños y jóvenes con una serie de libros que transcurren en una especie de México mítico, y su perspectiva de la literatura como herramienta de resistencia. Creo que todas me costaron de alguna manera, pues me implicaban pararme frente a maestros de la literatura con el objeto de obtener información muy puntual que fuera de valor para el libro. En algunos casos el tiempo disponible era poco, así que tenía que sacarle todo el jugo a cada conversación. Por fortuna todo fluyó y el resultado son diálogos llenos de sustancia.

  • ¿Cómo hiciste para que un texto como el tuyo, archivístico, con tantos datos históricos, notas de prensa, fragmentos epistolares entre los grandes, tuviese la fluidez que tiene?

Me gusta escribir lo que me gustaría leer. Aunque valoro los ensayos académicos, los análisis rigurosos, etcétera, siento que algunos se convierten en una experiencia lejana para los lectores, y eso hace que la cultura se siga confinando a espacios restringidos, a veces excluyentes. La literatura de ficción permite ese recurso a un lenguaje más sencillo, afectivo, a metáforas y relatos que pueden dar cuenta de las historias desde otro lado y acercarlas a la experiencia de cada lector o lectora.

  • De acuerdo con tu investigación y a lo que pudiste entender históricamente de estos dos países: ¿qué tanto han cambiado las relaciones culturales entre Colombia y México en la actualidad?

La producción cultural es móvil y se adecúa a cada época, eso es indiscutible, pero creo que mucho de lo que nos conectaba antes nos sigue vinculando hoy. Por supuesto hubo una época de fuerte producción novelística y poética en los dos países que permeó esa relación cultural. En los noventa y los dos mil se fortaleció el género negro y eso también incidió. Sin embargo, siento que México sigue siendo un referente cultural a través de la música, el cine, el muralismo, la comida, sus tradiciones, su historia. Hoy la tecnología nos permite diálogos más constantes e inmediatos. Hay escritoras mexicanas y colombianas que se retroalimentan en su producción creativa, editoriales independientes, libreros, revistas, medios de difusión y toda una red que sigue fortaleciendo la comunicación y la construcción de esta cultura conjunta. Hoy las conversaciones se dan además sobre las migraciones, el narcotráfico, mucho en los géneros negro y policiaco, las ciudades y sus violencias, pero también hay un retorno a la poesía, a la exploración individual, a la pregunta por la familia, los espacios cotidianos. La relación sigue fortaleciéndose en estos diálogos, sin duda. 

  • Y una pregunta final, teniendo en cuenta que has investigado a Borges, a Cortázar y en este caso las relaciones entre México y Colombia: ¿qué viene ahora?

Durante la investigación que hice para este libro fui encontrando información interesantísima sobre artistas (escritores, cantantes, fotógrafos) latinoamericanos y europeos que visitaron Colombia durante el siglo XX y se nutrieron de su experiencia en el país. Esas historias las recogí en un libro que será publicado próximamente.

Colombia y México: entre la sangre y la palabra

Juan Camilo Rincón

Editorial Palabra Libre, 2022

Bogotá, Colombia

303 páginas 

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