Por Paulina Báez
La transgresión de clase. Un secreto avasallante. Un amor no correspondido, o correspondido
a medias. Una vida avinagrada. Más o menos eso puede resumir a Las Distancias de Sergio
Ocampo Madrid, un escritor con una pluma experimentada.
Las Distancias narra la historia del hijo mayor del reconocido líder político Luis Carlos
Galán. Un hijo que el político engendró en la empleada de servicio doméstico cuando él
rondaba por los veinte años y era estudiante de Derecho en la Universidad Javeriana. Huelga
decir que se trata de una historia conmovedora sin llegar al sensacionalismo.
Alguna vez leí una crónica escrita por Sergio Ocampo sobre esta misma historia que fue
publicada en El Tiempo. Por la extensión del texto, no era posible acceder a más detalles más
allá de la breve reseña de la vida un hijo no reconocido legalmente, por lo menos en vida del
padre, así que uno quedaba con ganas de saber más de esa historia. Las Distancias está
contada en primera persona, cuenta la trayectoria de vida de un niño cuya vida estuvo
marcada por un secreto. La Culpa y el remordimiento pueden ser más duraderos que el amor,
y anudar lazos igual de firmes y tormentosos, dice el libro en un apartado.
Y sí. El texto disecciona las emociones de ese niño que se revela, que reclama y a la vez quiere a su padre.
Un niño que se enoja, se emociona, se ilusiona, se decepciona y se reconcilia. Es un retrato de
las contradicciones de esa relación entre padre e hijo. De las distancias económicas, sociales
y emocionales entre el padre y el hijo. De las ráfagas de intimidad y de afectos difíciles de
expresar entre el padre y el hijo.
La novela de no ficción hace justicia a la lucha personal de ese hijo y esa madre que durante
años estuvieron en el anonimato. A un hijo que prefirió seguir viviendo en la precariedad a
perder el apellido de su madre y, sobre todo, perderla a ella. A un hijo cuya vida oscilaba
entre el campo y la ciudad. Por mucho tiempo tuvo una vida rural mientras vivía con sus abuelos maternos y durante otros periodos vivía en las casas de familia donde su mamá
trabajaba como empleada doméstica hasta finalmente establecerse en Bogotá.
La historia del protagonista es el rostro de esa tercera parte de la totalidad de niños y niñas
que en Colombia viven solo con uno de sus padres. También es el rostro de miles de
empleadas domésticas que se desempeñan sin la garantía de sus derechos laborales. Es el
rostro de los niños que han vivido por largos periodos de tiempo al amparo de sus abuelos
para que sus madres trabajen a kilómetros de distancia y breguen por conseguir el pan de
cada día. Es el rostro de la herida paterna, pero también del perdón y la reconciliación.



