Aranjuez o el barrio como construcción mítica

Por Samuel Whelpley

No sé si Gilmer Mesa (Medellín, 1974) ha leído al escritor chicano Rolando Hinojosa-Smith (1929 -2022). Hinojosa, que en alguna ocasión fue varias veces candidato al premio nobel, en sus novelas creó un espacio imaginario conocido como El Valle, con epicentro en la ficticia ciudad de Klail City, que ha sido comparado con el Comala de Rulfo, el Yoknapatawpha de Faulkner, la Región de Juan Benet o el Macondo garciamarquiano. Y aunque la comparación que quiero hacer  – en este caso el barrio como construcción espacial casi mítica  – pareciera más obvia con los ejemplos citados, en las tres novelas de Gilmer (La Cuadra, Las Travesías y Aranjuez) veo un elemento adicional que los otros no tienen: Mesa como Hinojosa se apoyan en la tradición de la picaresca española para contarnos el relato: una narración realista, antiheroica, de pícaros, delincuentes, marginados, desadaptados, que se burlan de las convenciones sociales, mientras a la vez sueñan con aceptados por esa sociedad que los dejado atrás. El mundo de Gilmer, como el de Hinojosa, es un universo físico encerrado en si mismo: La calle (La Cuadra), la familia (Las travesías) que se resumen en el barrio (Aranjuez), todos ellos con sus historias donde el narrador es un observador reflexivo de un espacio y un tiempo que puede ser muy cruel.

Es también un relato acerca de unos tiempos que se borran (y no hay que ser muy leído para comprender que la historia del padre y su pérdida de memoria simboliza esto) y un intento deliberado del autor por retener algo de eso.  Como Gilmer mismo ha reconocido, hoy Aranjuez no es el barrio que describe, pero a la vez sigue siendo su barrio. Sin él, muy posiblemente estaría perdido.

Aunque se señala que es un relato que un hijo le hizo a un padre bueno, y algo de eso hay, esta novela es más un relato de un barrio, de su gente y sus historias. A partir de una serie de historias de diferentes personas, que constituyen un variopinto retrato de un barrio popular y unos tiempos violentos, al autor se le nota su formación de filósofo, y llena el relato de reflexiones sobre muy diversos temas: El zeitgeist, la familia, la violencia, las relaciones de pareja, el clima político, el machismo, la violencia, la amistad, por mencionar algunos temas. Como señala Luis Miguel Rivas en la contraportada: 

Cada que leo a Gilmer Mesa me lo imagino como un viejo lobo del asfalto parado en una esquina del barrio contándonos, con su vozarrón viril y esa mezcla de sabiduría y erudición libresca, los pormenores del cataclismo que aún nos cimbronea”

Aunque estoy de acuerdo con lo expuesto, más que viejo lobo del asfalto, para mí el narrador de Aranjuez es un“flaneur”: un caminante callejero, habitual de esquinas y bares sin objetivo claro, que toma las historias y vicisitudes que se le presentan, y que le sirven a la vez para hacer una profunda reflexión de lo que ve o vive. Por poner ejemplos sueltos: 

Sobre el Zeitgeist: 

«Yo vengo de un barrio y una época que defraudó hasta la muerte queriendo homenajearla»

«Se veía como la humillación se iba transformando en maldad»

Sobre política:

«estamos solos y abandonados en un país sin padre donde cualquier caudillito de mierda se vuelve el protomacho que representa a ese padre ausente y recio que en el fondo desean»

«A falta de ideas, triunfan los ideales»

Sobre la soledad:

«Jaime estaba perdido en el mundo, porque era un huérfano con el padre vivo»

Algunas reflexiones reflejan la formación del autor, y su labor de docente: Frases como «La belleza trae consigo poder, un poder no pedido ni merecido» dejan al lector pensando sobre elloAdemás de contarnos una serie de relatos de vida de manera tierna, cáustica, vívida y vital, en sus obras el autor reflexiona sobre el pasado a través de su infancia (La cuadra), La violencia atávica y los elementos religiosos en su familia (Las travesías) y las luchas de la gente por sobrevivir propias de un barrio popular latinoamericano (Aranjuez) como elementos constructores de nuestra realidad. En esto último se une a autores como John Better o Carlos Polo, para quienes el barrio es un mundo, pero a la vez una prisión. Quizás por ello, es una obra con la que es fácil identificarse; al final, todos tenemos historias parecidas.

Es un libro donde al final las historias constituyen memoria. Quizás por eso no deja indiferente a nadie. La obra de Gilmer va en camino de dejarnos una construcción mítica del barrio como descripción de nuestra sociedad. A fe que lo está logrando.

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