Apuntes sobre Los amores equivocados, libro de cuentos de Cristina Peri Rossi, Editorial Menos cuarto, 2021.
Por Giussepe Ramírez
La genialidad de los cuentos de Peri Rossi en Los amores equivocados consiste en trocar los roles de los amantes en el último momento, de una forma que el lector no siempre anticipa: la chica virgen se convierte en una puta experta al ser desvirgada, la mujer enamorada y abnegada se metamorfosea en una mujer aventurera que ha camuflado su verdadero deseo, la estudiante toma control de la situación y le dicta a la profesora lo que harán a continuación. Este descolocamiento, logrado lenta y sutilmente en cada cuento, produce la sensación de extrañamiento necesaria para que las historias sean memorables y crezcan en la cabeza de los lectores.
El título del libro ya es sugerente porque presenta un contrasentido a la acepción habitual del amor: la inestabilidad y el malentendido como rasgo de este sentimiento. En Ironside, el primero de los cuentos, la autora logra narrar la sencillez y lo rudimentario del acto sexual más allá de su contenido moral, y cómo justamente esa moralidad lleva a la restricción autoritaria del padre, que se sugiere pedófilo, sobre sus hijas. El cuento es una clase de didáctica sexual donde una jovencita en medio de la carretera le pide a un camionero que pasa ser introducida en esas artes. La significación del cuento se logra porque el sexo es introducido en una atmósfera pedagógica que simultáneamente acarrea una incomodidad por lo se va a enseñar. Hay dos desajustes fundamentales en esta historia. Primero, el personaje de la puta, al inicio, causa extrañeza porque se presenta bajo el ropaje de la aprendiz, mientras el cliente hace de maestro. Sin embargo, en segunda medida el orden habitual se restablece hacia el final cuando la puta adolescente e inexperta despliega los artificios corrientes de las putas avezadas.
En El encuentro, dos hombres comparten la misma imagen de la mujer más bella del mundo casi de modo sobrenatural, experiencia que por supuesto no halla palabras para ser narrada directamente. Los hombres huyen despavoridos al toparse con ella en una perfumería. Lo siniestro del cuento es precisamente que dos hombres compartan esa emoción, esa indecibilidad como experiencia social.
En este conjunto de relatos se concibe el amor como una responsabilidad, no como una decisión empujada por el deseo, lo cual, de nuevo, es extraño. En el cuento que le da título al libro, una joven uruguaya, que al inicio parece representar el arquetipo de la mujer abnegada que ama a su esposo, pero a quien este no ama, se va transformando en lo contrario hasta el final, cuando ella expresa abiertamente que su deseo principal no era el hombre, sino que existe un deseo mayor, mostrando que en realidad ella es quien lleva la rienda y ha fingido y narrado algo falso durante todos esos años de relación. El lector entiende entonces que ese deseo mayor es la libertad y la aventura. El relato de la mujer que el hombre confiaba era cierto se hace pedazos cuando aparece la ciudad de Lisboa. En realidad, lo único que ella quiso hacer fue escapar de Uruguay. Y ese escape podía tomar el nombre de Lisboa o Barcelona, donde vive con su pareja. Por lo tanto, el amor se perfila como un medio de evasión, como un sentimiento escasamente genuino que oculta otros móviles. Pero luego, como para balancear las cargas, la escritura de una novela, cuyo autor es el hombre, se nos presenta como un gesto de poder, como una herramienta para controlar el relato, que es en realidad de lo que se trata este cuento.
En el cuento Ne me quite pas lo brillante es el contrapunto que la autora va deslizando en la historia del hombre recién separado, permitiendo que poco a poco la atención se vaya desplazando de ese supuesto protagonista, el paciente, al conflicto que se le presenta al psicólogo al llevar una relación con alguien mucho más joven que él cuyo despliegue de energía es arrasador:
“Tres veces por día, como deberían hacer todos los adolescentes de esa edad, cuando tienen las hormonas a tope, excitadas, y si cierran los ojos, las hormonas, en círculos rojos, solo representan volcanes a punto de estallar. En cambio, los encierran en institutos como zoos, donde se inquietan, se manosean, escupen a sus profesores, no les interesa ni la matemática ni la historia …sino satisfacer los deseos imperiosos del cuerpo, que es otra sabiduría, como la de los leones y los tigres”.
En Todo iba bien unos amantes furtivos discuten sobre la necesidad o no del lenguaje en el acto sexual. Sobre todo, del lenguaje guarro y soez, pues el hombre se niega a llamar puta a la mujer, que se lo ha pedido naturalmente. El hombre se niega y el diálogo se desata. Hay una problematización psicológica y sociológica del machismo y de cómo la violencia resulta placentera para el personaje femenino. Al final, entendemos la prehistoria que explica la razón para que el hombre se niegue a usar la palabra “puta”. El cuento inicia como un polvo fallido y se desenvuelve como una sesión de terapia. ¿No es muchas veces el poscoito justamente una sesión de terapia improvisada dado que los amantes han bajado la guardia tras la languidez del orgasmo?
La escala Lota va de cómo variar el uso de la fuerza al ir sustituyendo las parejas. Se trata del cuento más erótico de todos, con mayores referencias a los órganos, los objetos y las posturas sexuales. De nuevo la juventud, como en Ironside o Ne me quite pas o De noche, la lluvia, pone en aprietos a la experiencia. La energía juvenil supera con creces los conocimientos de los mayores y en el sexo esta diferencia es más radical. Un maldito pelo aborda la responsabilidad de dar placer y cómo asumirla ante un accidente sexual como por ejemplo un pelo atravesado en la garganta.
Todos los cuentos abordan la infidelidad o la inmoralidad como campo propicio para el despliegue de la pasión. Sin embargo, no es este el núcleo de los cuentos. En ellos, la pasión va descendiendo su escala y su intensidad hasta convertirse en un acto narrativo, en una búsqueda de la forma del deseo y sus desviaciones, en un ejercicio para desenterrar algo de la consciencia y del pasado. Son, en fin, una breve sesión de psicoanálisis.
Giussepe Ramírez



