Los Gritos: o de cómo el pasado no es pasado

“Ahí donde nos enterraron sembramos jardines, 

crecieron flores”

[Gabriela Wiener]

Por Tatiana A. Alzate Gómez*

Tuve la oportunidad de ser la ‘primerísima lectora’ y, a su vez, la ‘primerísima’ en presentar la novela coral o libro de cuentos Los Gritos (2025), del escritor y periodista Andrés Arias. Sucedió en la 19° Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín (2025), en un espacio modesto, sencillo, sin más pretensión que ser un lugar de acogida para un lector que busca escuchar. Allí, con un público honesto en el deseo de conocerLos Gritos fueron una grieta, por supuesto múltiple, rizomática, en la memoria colectiva: cuestionar es el primer golpe. 

No sólo es el carácter histórico en el que se desarrolla esta polifónica narración, sino la posibilidad de acercarnos -desde muchas aristas, sean de índole narrativo, sociohistórico, filosófico- a un pasado colectivo en el que todo pareció haberse resuelto sin mucha fatiga, pero esta novela tiene la facultad de especular acerca de ese pasado. Sobre la dictadura militar del General Rojas Pinilla (1953-1957) -que es el espacio-tiempo en el que se despliegan Los Gritos la información o el material de archivo, según las investigaciones realizadas por Andrés Arias, es escaso; esto pareciera ser es el devenir de una dictadura: la capacidad de ocultar la atrocidad por medio, ya saben bien, de la desaparición de cuerpos, mentes y narrativas que desmontan la ley del silencio o la servidumbre voluntaria.

Todos los personajes en Los gritos resultan ser de una importancia vital según lo que revelen, pero es el personaje del sastre del General, quien expone los vacíos de nuestra memoria social cuando habla del asistente anterior a él, Rogelio Guevara: “Decían (todo era muy secreto, y creo que aún lo es: nadie -me refiero a la prensa y a los historiadores- hablan del tema, y es que nadie habla de nada) […] Esta persecución a la verdad que se instaló con los llamados Censores –que tenían la misión de revisar los periódicos y no dejar que se publicara información que perjudicara al régimen- y con la creación de algo tan perverso como el SIC (Servicio de Inteligencia Colombiano), bajo el mandato del ‘Jefe Supremo’, ha dejado en la historiografía de nuestro país enormes vacíos para reconocer el nivel de daño a las víctimas de su nepotismo. Es por ello que la ficción cobra un valor importantísimo, incluso desde la reparación histórica bajo el imperativo del derecho a la verdad, porque rompe el silencio del duelo o el cómplice, uniendo unas memorias con otras al servicio de la especulación narrativa.

El archivo aquí puede ser entendido tanto como el lugar en el que descansan las memorias hegemónicas -gracias a los investigadores nos llegan fragmentos en voz baja de esas realidades- como también las supuestas memorias que aparecen en Los gritos de sobrevivientes allegados a la intimidad del General. Por ejemplo, el sastre que le observó minuciosamente el talle del cuerpo y su carácter, o las amantes de sus esbirros: ahí están los casos de Emma Tarazona con su ‘Yernísimo’, o Sol Piedad de Olarte, esposa de un supuesto ministro de Obras Públicas y amante de Gunter Hinz, un nazi alemán, ‘asesor de seguridad’, por no decir un ideólogo macartista en Colombia. No obstante, un archivo también puede leerse en el silencio generalizado, porque en lo no dicho también hay historia, y tal vez la más profunda: éste es un silencio total, transmitido de generación en generación, como una marca a la estirpe que somos. Después de una gran catástrofe, lo que sobreviene es el silencio como gesto -voluntario o no- de lo inenarrable. Los Gritos, en este sentido, comprende esta paradoja, porque son gritos que suceden en una dictadura militar, y lo que hay detrás de estos acontecimientos es el silenciamiento, sea a través de la tortura o el mandato.

Arias abre todos estos archivos y nos presenta sus fragmentos hilados por la ficción. Entre cada fragmento existe un vacío discursivo, tangible, pero es ahí donde ocurre la maestría de esta también llamada falsa crónica, en la que una masacre como la de los estudiantes de 1954, o los ataques con napalm a comunidades campesinas, o la desaparición de Emma Tarazona, o el carro bomba en Cali (que dejó una impresionante cantidad de muertos), o el asesinato del tío Duván (como ejemplo de la persecución a las disidencias sexuales), son resueltos desde la lógica de lo íntimo: los pormenores de sucesos como estos sólo pueden ser encontrados en una confesión, una carta, una grabación de un sujeto que carece de voluntad y de juicio ante los ojos de un amo. Son otras voces las que develan las partículas de esta historia social; la mirada testiga de las mujeres en la historia, por ejemplo, es determinante: nadie podría imaginar lo que, en su condición de subordinadas, podrían contener en su silencio; y es así para todos aquellos lazos de servidumbre cercanos al poder. 

Por otro lado, en la triada verdad, ficción y archivo, Arias hace magia en el sentido de que unifica elementos constitutivos de la realidad a partir de los afectos, otorgándole a la historia organicidad. Desde los epígrafes, el escritor nos abre la posibilidad de contar y saber la verdad como quien plantea una paradoja en la que a veces también parodia al ‘soberano’ y la estulticia que le precede a quienes le obedecen. Cita en el segundo epígrafe a Sir Arthur Helps con la frase: “Debemos recordar que la ficción no significa falsedad”. Esta es la entrada a los multi-versos de una historia que establecieron como únicaLo que propone no es más que un juego de sentido: toma de un hecho que es irrefutable -como la muerte o la desaparición-, lo va hilando según la posibilidad del archivo y le implanta la fórmula de ‘qué pasaría si…’. En esta lógica de la especulación histórica no importa qué elementos puedan acompañar la fuerza desencadenante de la tragedia, dado que la tragedia sigue siendo la misma. Lo paradójico también se encuentra en que tanto el acontecimiento trágico como lo que pudo haberlo ocasionado son absurdos. Esta es la es la condición que construye la historia de nuestro país.

Lo que Andrés Arias ha hecho con este libro ha sido un proceso de desedimentación de la memoria y el pasado a través de las voces otras, cuestionando los vacíos del archivo y hablando con ellos como si fueran presencias. Desedimentar es un concepto estudiado por la pensadora y escritora Cristina Rivera Garza en sus ensayos de crítica literaria latinoamericana, reunidos bajo el título de Escrituras Geológicas (2024). Allí expone las capas en las que se contiene nuestra historia compartida con la tierra, y cómo estas capas o sedimentos son archivo; pero esto no sólo cabe para la geología, sino también para la historia social, la que no ha sido escrita, sino sepultada. ¿Cuánta sangre, huesos y demás material han vuelto a la tierra y quedado allí? Rivera Garza nos propone la necesidad de abrir las capas de nuestra historia. Dice, citando a la geógrafa Kathryn Yusoff, que aquello que denomina desedimentación es “el proceso a través del cual es posible poner al descubierto la vida social de la geología -en tanto lenguaje y en tanto práctica de acumulación y racialización- y en sus gramáticas de violencia” (Rivera, 2024). Más adelante añade, mencionando otros estudios, esta vez los de Elizabeth Povinelli, que “insiste en investigar el pasado en sus constantes reapariciones, especialmente cuando irrumpe en el presente, abriendo grietas por las que se cuela la crítica y la subversión y el trabajo colectivo del duelo. El pasado nunca es pasado del todo.” Es así como Los Gritos del General Rojas Pinilla, los de los estudiantes masacrados, y toda herida hecha en sus días, siguen resonando, pues todos estos acontecimientos no han dejado de suceder. Luego de la caída de su gobierno, la democracia en Colombia a veces parece un supuesto, como una ficción mal narrada. En fin, gracias a Los Gritos yo me seguiré preguntando: ¿dónde está Emma Tarazona? Porque, como escribe Arias, “todo muerto deja un rastro, hay que estar vivo para hacerse silencio”.

* Filósofa. Magíster en Literatura. Doctoranda en Literatura Comparada y Estudios Literarios.

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