Por Samuel Whelpley
“Me llamo John Ford, y hago westerns”
Dalton Trevisan, nacido el 14 de junio de 1925 y fallecido el 9 de diciembre de 2024, es una figura literaria que poca relación tiene con ciertos estereotipos asociados a Brasil. Si imaginamos un Brasil de favelas y barrios que son casi cárceles donde la violencia campea, pensamos en las obras de Rubem Fonseca o el cine de Walter Salles; el Brasil negro está asociado a Bahía, a Jorge Amado y la mujer bahiana con turbantes creada por Carmen Miranda en el cine; si pensamos un Brasil de samba, bossa nova, garotas y playas lo asociamos a Río de Janeiro, la música de Caetano o las poesías de Vinicius; el Sertón, esa construcción mítica que evoca la aventura interior brasilera se imagina en las cintas de Glauber Rocha y las novelas de Graciliano Ramos y sobre todo Guimaraes Rosa; cierta burguesía internacional de São Paulo y Río se ve refleja en la obra de Clarice Lispector; en cambio, Dalton Trevisan nació y murió en Curitiba, capital del estado de Paraná, una ciudad de poco menos de 2 millones de habitantes, profundamente conservadora, provinciana, cuya población está formada en gran parte por descendientes de italianos, alemanes, ucranianos, checos, japoneses y polacos, del cual Trevisan es un acabado ejemplo. Ciudad de gente introvertida y trabajadora, es la única capital de estado brasilera donde nieva (raras veces, pero aparece). Quizás esa combinación de introversión, trabajo y represión, estimula la creatividad y las historias en una sociedad de clase media de funcionarios y dependientes con sus miserias y éxitos, siendo Dalton Trevisan el más conocido representante.
Con sus enormes diferencias, hay cierto paralelo entre la de obra de Trevisan y la de Rubem Fonseca: ambos nacieron el mismo año, fue bien conocida la aversión de ambos a la prensa y el talento de los dos como cuentistas. Hay una más a su manera, ambos fueron los principales responsables por tirar abajo las puertas de una literatura brasileña al principio de la década de 1960, permitiendo que estuviera a la altura de las transformaciones que Brasil atravesaba en aquel entonces. Fundamentalmente la industrialización de país: mientras Guimaraes Rosa en la monumental Sertón (1956) relata la épica de la aventura hacia el interior brasileño, Trevisan y Fonseca retratan la acelerada migración de campesinos a las ciudades, desde puntos de vista muy propios: para Fonseca, sin ser una cárcel, es un pueblo con alambradas, para Trevisan es un mundo de perdedores.
Gracias a las páginas de genealogía de internet es posible saber que el apellido Trevisan es de origen italiano, y que sus padres se llamaban Joao Evaristo Trevisan y Catalina Stocchero. Su padre era propietario de una fábrica de vidrios, y en su juventud trabajó en ella, hasta que una explosión en 1945 le causó lesiones en el cráneo, lo que obligó a una larga recuperación. En ese momento escribió su primer libro, del cual renegó posteriormente. Se graduó de abogado en 1947, ejerció el derecho por varios años, y comenzó a animar la vida cultural de Curitiba. Tuvo dos hermanos, Derson y Hilton. Se casó con Yole Bonnato fallecida en 1998, con la que tuvo 3 hijos: un varón fallecido poco después de su nacimiento y dos hijas, Isabel, fallecida en 1996, y Rosana, fallecida en el 2023.
Se dedicó a la escritura a partir de la publicación en 1959 de las Novelas nada ejemplares, colección de cuentos y novelas escritos a lo largo de casi quince años. Trevisan consideraba este libro como su verdadero inicio literario, descartando dos publicaciones anteriores. En Novelas encontramos los elementos esenciales que se desarrollarían en los libros siguientes: la concisión del lenguaje, el universo de vidas grises, mezquinas y apagadas, cierta escritura lírica donde prima la desesperanza de unas vidas atrapadas en la mediocridad. Con el libro ganó uno de sus primeros premios literarios importantes, El Jabuti, que ganó en total cuatro veces. Como era de esperar, no asistió a la premiación, dando inicio a su fama de ermitaño. Lo volvería a ganar en 1965 con otro de sus libros más celebrados, Cementerio de elefantes, repitiendo en 1995 y 2011. Pero el éxito de ventas y críticas llegaría con El Vampiro de Curitiba, publicado en 1965, donde retoma los elementos de Novelas, añadiendo un nuevo elemento esencial en su prosa: el sexo.
En El Vampiro, colección de quince cuentos, escrito con un lenguaje muy conciso y coloquial, conocemos a Nelsinho (Diminutivo de Nelson), un hombre obsesionado con el sexo, para quien las mujeres son poco más que un objeto sexual, agredidas física y verbalmente.
“Ay, me dan ganas hasta de morirme. Mira, la boquita de ella está pidiendo beso –beso de virgen es como mordida de bicho peludo. Uno grita veinticuatro horas y se desmaya feliz. Es una de esas que moja los labios con la punta de la lengua para ser más excitante. ¿Por qué Dios hizo de la mujer el suspiro del joven y el desagüe del viejo?”
El vampiro de Curitiba
(Traducción de Norman Valencia)
La colección tuvo tanto éxito que el propio escritor empezó a ser conocido como el “Vampiro de Curitiba”, debido a su aversión a aparecer en público. Si bien era reacio a conceder entrevistas, y asistir a eventos, la comparación con Salinger o Pynchon no es exacta, pues era habitual verlo caminar por las calles de Curitiba, conversar con los vecinos y los jóvenes escritores que se acercaban a hablar de su trabajo; eso sí, si querías ser contactado debías enviar un mensaje a una librería que le entregaba los mensajes, y si alguno le interesaba, daba respuesta, cosa que ocurrió de hecho, muy pocas veces. En alguna ocasión, en uno de los prólogos a sus obras se limitó a comentar: “Nada tengo para decir fuera de los libros. Solo la obra interesa; el autor no vale el personaje. El cuento es siempre mejor que el cuentista.”. De 1965 a 2014 escribió casi un libro por año; en los últimos Curitiba desaparece y los escenarios son europeos.
En todos los relatos tenemos un narrador atento, pero poco comunicativo, a menudo irónico, que expone todas las debilidades e infelicidades que generan las relaciones afectivas o personales de un grupo social compuesto por seres marginados, pobres, olvidados y maltratados. Todo visto con una mirada fría y antiséptica que parece ampliar la crueldad y violencia subyacente en las historias:
“¿Sabías que tu marido tiene una amante? ¿Sabías que los dos se encuentran por la noche? … Los vi juntitos en muchos lugares. Sé que él no se queda mucho en la casa. Te trata a los gritos cuando le pides dinero. Fue seducido por esa tipa. Me duele el corazón verte despreciada. Eres la única que me gustó en la vida. Quítate la máscara a ese sinvergüenza. La otra también es casada. Madre de hijos, a lo mejor de tu marido… El marido de ella viaja mucho. En su ausencia ella se muestra tal como es: una liviana. Puede que suceda una desgracia cuando el marido regrese y alguien le cuente… Sabes como son los hombres. Son débiles, no se resisten a una carita bonita. Cuidado con esa aventurera que se entrega a él con los ojos cerrados.”
Ultimo aviso (Fragmento)
Dalton Trevisan
Erotismo, violencia doméstica, conyugal, vidas grises en una ciudad en un entorno de pobreza del cual los personajes parecen no poder escapar. Las mismas situaciones: riñas conyugales, crímenes, suicidios, alcoholismo, dramas domésticos que van in crescendo, y que los personajes dominados por fantasías de conducta, no son capaces de concretar. Un universo narrativo concentrado en un solo tema: la sordidez de la vida, y la historia repetida multitud de veces, en un estilo irónico y cortante. Historias sin trama y sin final, a la manera de Chejov, tal vez la mayor influencia de Trevisan.A su muerte dejó instrucciones para que su obra sea reeditada a partir del centenario de su nacimiento. Esperemos que este autor, que ha sido comparado con Julio Cortázar y Julio Ramón Ribeyro, pueda ser más conocido en español.



