Texto de César Panza
Escribir desde la fiebre, desde el delirio apesadumbrado, bajo la mirada del ángel metálico de la templanza que nos abandona. Escribir infectos de afecto, escribir al borde de la septicemia, abrir cauce de signos e imágenes entre pus y necrosis, abrir paso a los gases. Hacer operar al asco, hacer productivo al miedo, hacer, hacer allí donde nos han dicho que ya no se puede hacer nada. Esa es la dirección de Leonardo Alezones Lau.
Puedo contar tres, y me sorprendo, las veces que me han ripostado con la misma certeza ante la inquietud de vivir en tiempos de conductas desencajadas, de transmutación de los valores y corrupción de la belleza de las formas. Toda la descomposición de animales y plantas, toda la meteorización de las formas pétreas, me dijeron que tributara a un suelo futuro, uno con la propiedad de la riqueza y la indeterminación. Este compost húmedo y negro hará sentido de su caos a largo plazo —mira cómo brotan de él ya los hongos—. Pero la podredumbre no deja de serlo solo por ser puesta en perspectiva a un sustrato, a una inversión de fines en orígenes, a la producción de un alcaloide, un sostén frente a todo lo perdido en el presente. Gana, eso sí, el estatus de estadio de transformación, de contraste contra lo blanco de la página, contra el silencio de la noche, contra la condena a la repetición, contra la herrumbre de las bisagras.
Una promesa de fertilidad, una tierra que, tras arder, se abrirá sin plagas y sin yerbas malas. La verdad —¡qué tentación tan cretina!— de risa de aurora, alegría de madrugados y, es lo más, de consciencia esclava… Ese suelo futuro, ¿qué es? Hoy es nada, miren que se presenta como pura virtualidad: territorio de liberación para el atribulado cristiano, utopía social, piedad y salvación para las almas deterioradas de putas y publicanos, premio a la cuita efectiva, al desconcierto, al sinsentido y al hedor.
¿Habrá reencuentro con el padre que es su propio hijo anfibio, se reconocerá a sí mismo? ¿Habrá, de verdad, flor silvestre, pura y fragante, brotando intacta entre las grietas del asfalto? Pretender una respuesta al condicional o el esbozo de una situación que niegue o afirme, es vano. Es como preguntarse si Heráclito sabría que encontraría la muerte en la pila caliente de estiércol antes de sumergirse en ella, hasta el cuello, para curar su hidropesía misántropica. Si algo de verdad queda en la fábula del griego es que solo supo del calor ultrasolar de ese día, la sensación específica del cambio catalizado, el misterioso idioma de la violencia última y definitiva: “El orden cósmico más bello como mierda regada al azar”.
Esa confusa certeza ad efesia animada, sentida, pero oscura (muy oscura) es la que infiltra Humus (2021), el más reciente y más voluminoso título del poeta y artista que tengo aquí a mi lado, consecuente prolongación de Arcada (2007), Amalivaca (2012) y Supernova (2020). En su expansión asociativa, su orfebrería que encadena tribulaciones y éxtasis, sueño y alucinación, se encuentra la distinción entre inmundicia y agua clara, pero está a la vez como una gracia y una condena. Pues habitamos este suelo como fuego y como cerdos y no nos podemos controlar —vamos en pos del oro y de un momento a otro preferimos la paja—.
Miramos hacia el monte hacia el campo abierto solo para añorarlo entre las sórdidas piezas de un motel oloroso a húmedo y cigarro, en donde se duerme arrullado por el chillido de los taxis y el aire acondicionado. Pero doblemente maldito sea el que lo llore, el que desprecie esta condición de abono cocinándose, porque esto es lo dado, lo realmente existente, aunque solo veamos muerte y descomposición al estar despiertos.
Leer desde el sueño no hermosos cielos ni campos verdes, leer desde el sueño los indicios de un temporal que se cierra sobre nosotros con un arcoíris negro, resistirse a la modorra que nos retiene esperando a que nazca la música, así sea distante buscarla más bien en las voces de los amigos que nos llaman, que nos dicen sin consuelo, como Leonardo en este su nuevo libro, como el oscuro Heráclito: “Solo es la enfermedad la que hace agradable a la salud”. Abraza al hambre y a la inquietud, que ellas se abrasarán contigo para empujarte, inclementes, hacia la saciedad, la felicidad y la calma. Si eso es lo que realmente deseas.

César Panza Bolívar (Valencia, Venezuela, 1987-2022)
Fue un matemático, poeta, crítico, traductor, editor y docente universitario que se desempeñó como profesor titular en la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Carabobo, institución en la que colaboró, por muchos años, en el Departamentos de Artes Literarias. Integró el Consejo de redacción de la revista POESIA. Además estudió cuatro semestres de Filosofía en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Fue uno de los fundadores de la revista La Fulana Vaca y editor del periódico Los Telares. Como traductor destacó vertiendo al español textos de Aimé Césaire, Jacques Roumain, Eugène Guillevic, Aloysius Bertrand, Kenneth Rexroth, Keorapetse Kgositsile, Langston Hughes, Charles Bernstein y Michel Butor. También tradujo del inglés Canciones 1962-1970, de Bob Dylan (Fundarte, 2017). Fue guionista y asistente de producción del documental La patria en la piel (Conatel, 2016) y publicó el poemario Mercancías (2018).
*Pueden leer el poemario Humus de Leonardo Alezones Lau en el siguiente link: https://totumalibros.wordpress.com/wp-content/uploads/2023/04/humus-leonardo-alezones-lau-2.pdf



