Por Ricardo Rodríguez Vives
Joseph Avski ajusta cuentas con sus filias en Música para una noche en llamas, su primer libro de relatos escritos entre 2003 y 2024 que el paisa-cordobés guardaba en el desván de su memoria, al parecer, sin tomárselo muy en serio (hasta ahora). Pero un buen día notó que aquel ramillete de historias constituía un mundo narrativo propio, jalonado por teoremas físicos, angustias existenciales, miedos intangibles y secretos, donde cohabitan claustrofobias y espacios abiertos a partes iguales. Y la presencia del mismo Avski o de varios Avskis como personajes literarios que se entrecruzan en el cuento que abre la antología, Huellas que se bifurcan en la nieve, de aroma borgiano.
Esta historia es la primera que plantea una búsqueda de identidad. ¿Quién soy? ¿José Palacios o Joseph Avski? ¿Soy tantos al mismo tiempo? ¿Debería transformarme en alguien que no soy? ¿Se ha ido aquel que otrora fui? Se pregunta el Avski personaje en este relato, el cual viaja en un parpadeo entre distintas realidades y dislocaciones del pensamiento, e incluso, él mismo puede ser una versión fugada de su anterior novela El infinito se acaba pronto. Esperemos que alguna vez desentrañe este misterio.
Porque es la identidad, precisamente, uno de los temas claves en esta colección de relatos. La tragedia, y muy pocos triunfos, marcan el destino de la mayoría de los protagonistas, quienes luchan contra una cotidianidad plagada de desasosiegos y reveses. Como ese hombre que lo tiene todo en Moscow night, y sin embargo, se las arregla muy bien para arruinarse a sí mismo y de paso, a su círculo más cercano, mientras intenta un burdo ensayo de introspección, fallando miserablemente. O ese fresco de imágenes de un Sinú sublime, primitivo y cinematográfico que parece negarse a desaparecer del todo, en el relato Ecología de campo, cuya protagonista, Adriana, intenta aferrarse a su cordura con uñas y dientes mientras comparte espacio de trabajo con un hombre que abusó sexualmente de ella en el pasado.

La física es otro de los temas presentes en estos relatos. Avski, graduado en física en la Universidad de Antioquia, y luego, doctorado en literatura, se sirve de esta ciencia para complicarle la vida al ya mencionado personaje Avski inmerso en su multiverso, pero también, al sicario de corazón tierno de La historia de un país se repite, que explora la naturaleza del tiempo y el concepto de irreversible, principio clave en la termodinámica; y finalmente, en la narración que da título a la obra, Música para una noche en llamas, en la cual, un hijo oficia como una especie de detective (o más bien, paparazzo de rastreos mentales) que sigue los pasos a la mente inestable de su padre, un profesor de física bendecido con el discernimiento científico, y sin embargo, también divagante, inseguro, mal esposo y mal padre, perdida la brújula de la vida, el cual emprende una aventura cuántica a nivel cerebral que busca una cura definitiva a su desorden psíquico. Avski pinta su lienzo literario con una prosa sencilla, sin que el lector sienta el esfuerzo intelectual requerido para ofrecer conceptos abstractos de ciencia y nuevas tecnologías, las cuales fluyen con claridad. Al final, Música para una noche en llamas deja la impresión de que, en el universo de Avski, las historias no terminan, sino que se bifurcan en otras posibilidades, desafiándonos, además, a cuestionar quién es ese sujeto que cada día ves reflejado en el espejo.



